| Suele decirse que cuando los chicos son chicos los problemas son semejantes. A medida que pasa el tiempo, y estos chicos crecen, lo problemas van aumentando con la edad y con las nuevas etapas de la vida.
Algo de esto, aunque muchos no quieran reconocerlo, sucede con Rafaela. El crecimiento vertiginoso, producido en los últimos años, creó una ciudad distinta. Ni mejor, ni peor. Distinta. Es por eso que hay que mirarla de otra manera y pensarla con proyección.
Sin ir más lejos, el censo realizado en 2001 arrojaba que nuestra ciudad contaba con 83.563 habitantes. De ese total, 26.110 eran menores de 18 años. En tanto, los que tenían entre 18 y 39 años eran 26.720, los de 40 a 59 alcanzaban los 17.020 y el resto eran mayores de 60.
Los datos reflejados pertenecen al último Censo realizado por el INDEC entre el sábado 17 y domingo 18 de noviembre de 2001. El crecimiento, en comparación con el de 1991, fue notorio. En 10 años se creció en torno al 22,5%.
Otro dato significativo es que en 1980, también por el Censo, se obtiene que había 53.954 personas viviendo en Rafaela. Dentro de dos años, cuando debería hacerse la próxima medición, se especula que habría algo más de cien mil habitantes. El doble que en 1980.
Lo que crece
Cuando una ciudad crece al ritmo de Rafaela es necesario una constante adecuación. Si desglosamos los números nos daremos cuenta que la población se incrementa en más de mil seiscientos habitantes por año.
Por eso, también se crece en infraestructura, servicios, redes de comunicación, calles, barrios, escuelas y casas. Pero no todo es tan sencillo. Se requiere tiempo, estudio y por sobre todo fondos. Y mejor no hablar de la cuestión habitacional.
Hacer escuelas, centros de salud y dependencias policiales para garantizar la seguridad, no son exclusividad de la administración local. Estos pueden gestionar y reclamar ante la Provincia y la Nación y, a veces, no conseguir lo que se necesita.
El tema de las cloacas es uno de ellos. Han pasado distintas gestiones provinciales y de diferente color político y la problemática sigue vigente. Sólo en 2007, luego de las inundaciones de marzo, Obeid atendió esta necesidad y comenzó con una obra luego paralizada, por falta de fondos, por Binner.
La cuestión de las dependencias policiales y los efectivos también es central. En Rafaela comienzan a verse cosas de las grandes ciudades. Ya no es exclusivo de las urbes y del amontonamiento de personas en un mismo barrios. Ya no sólo se ve por televisión.
Algunos casos
Las reiteradas agresiones a los minibuses provocó que no entren al Monseñor Zazpe, el robo bajo amenaza con ataduras a un párroco, el asalto a un remisero a quien utilizaron como "chofer", el ladrillazo al patrullero que rompió el parabrisas y la sustracción de una billetera con un balazo a una persona mayor, son sólo algunos de los sucesos recientes.
Son hechos que todavía se pueden controlar. Es necesario mayor presencia policial. Es necesario que haya más efectivos en los lugares conflictivos y que se encarguen que se cumpla con la Ley. Rafaela no es Rosario ni Santa Fe pero tampoco es la pequeña ciudad pujante de hace treinta años.
La voz de la experiencia
Juan, hombre de unos setenta años del San Martín, recuerda que antes "era tan preocupante el robo de una bicicleta como de una gallina. Lo que teníamos lo conseguíamos con esfuerzo. Hoy algunos no quieren trabajar y perjudican al resto".
"En mi barrio vive gente que no conozco. Igual los saludo", comienza su relato Elena del Pizzurno. Tiene cerca de sesenta y cinco años. Prosiguió diciendo que "antes las puertas de mi casa permanecía abiertas. Ahora no. No es que tenga miedo pero mis hijos me obligan a cerrarlas. Rafaela no es la misma".
"Gente mala siempre hubo", dice Osvaldo de casi ochenta. Es gentil y abrió las puestas de su casa a CASTELLANOS. "Lo que uno lee en el diario preocupa. Si la policía estuviera más firme algunas cosas no pasarían".
Cuando las chicos son chicos lo problemas también son chicos y más fácil de solucionar porque uno, de alguna manera, ya los vivió. Cuando los chicos crecen las problemáticas se acrecientan y las soluciones deben ser más estudiadas. Con un reto no se logra nada.
Por eso, en esta nueva etapa, a Rafaela se la debe considerar como una ciudad que ha crecido y que afronta problemas que antes no tenía. En cuanto a la seguridad, desde la Provincia, deben darle una tónica particular.
La ciudad tiene problemas que le son propios y se pueden encausar. Pero no hay que minimizar. Hay que actuar. Todavía se está a tiempo.  |